José Luis Marcos asaja

El presidente de Asaja Palencia, José Luis Marcos, considera que “es importante que los jóvenes vean que la agricultura y ganadería son actividades rentables donde se compensan inversión y trabajo”

¿Creen que las administraciones son conscientes de cómo los trámites excesivos perjudican la competitividad del campo?
En absoluto. Como suele decirse, el papel lo aguanta todo. Y el papel de los boletines oficiales, más todavía. Una cosa es legislar y regular; y otra, llevar eso a la práctica sobre el terreno, en nuestras parcelas, en nuestras explotaciones ganaderas. Creo que hay tres problemas. El primero es el desconocimiento de la realidad agraria. Muchas de las personas del aparato político y burocrático que regula apenas conocen la verdad del campo, nuestro día a día.

En segundo lugar, hay una obsesión por controlarlo todo, aprovechando que además la tecnología cada vez lo permite más. Es un afán por registrar y vigilar cada paso que damos en el campo, como si fuéramos presuntamente culpables por dedicarnos a producir algo necesario para todos, como son los alimentos. Y en tercer lugar, no se dan cuenta de que cada agricultor, cada ganadero, es un empresario, más grande o más pequeño, pero al que tienen que cuadrarle las cuentas. Si el sector no es viable, se abandona, y así es imposible el relevo generacional, mantener la vida del medio rural…

Los costes de producción (fertilizantes, energía, combustible) no paran de subir, pero los precios en origen se mantienen bajos. ¿Qué soluciones urgentes plantearían?
Lo primero es que se cumpla la Ley de la Cadena Alimentaria. Si no, es papel mojado. Las administraciones tienen que vigilar que no se venda producción a precios por debajo de coste, como manda la ley. Hay que proteger al profesional del campo, que es el eslabón más débil de esa cadena, y acabar con distorsiones como la importación masiva de cereal sin arancel. Como parte del Gobierno se opone al envío de armas, España está financiando la guerra a Ucrania por esta vía, en detrimento del precio que percibimos por el cereal. Somos el principal importador de grano de Ucrania de toda la UE, y por otro lado compramos a Rusia más gas que nunca. Es un sinsentido.

España permite la importación de cereales y otros productos de países como Rusia o Ucrania, donde se usan fitosanitarios prohibidos aquí. ¿Apoyan los aranceles para proteger al agricultor local?
No se trata de escalar en la guerra de aranceles, porque eso a la larga nos perjudica a todos. También España es un país exportador de productos agrarios y, sobre todo, de productos agroalimentarios. Pero sí es necesario que todos juguemos en ese mercado mundial con las mismas reglas. No podemos salir a competir con un brazo atado a la espalda.

El tsunami regulador en la UE se está convirtiendo en un lastre. Y sólo hay dos salidas: o aminoramos la carga regulatoria, burocrática y fiscal, o exigimos a los productos importados las mismas condiciones productivas, en calidad, respeto ambiental y sanitario, costes fiscales y sociales… Europa está siendo hipócrita en ese sentido, y no sólo con el campo. Parece que las únicas sociedades que dañan el medio ambiente son las nuestras, pero miran para otro lado sobre cómo se produce en países ajenos al espacio comunitario.

La edad media del agricultor supera los 60 años. ¿Qué medidas concretas proponen para atraer a jóvenes al sector?
Como decía, es importante que los jóvenes vean que la agricultura y la ganadería son actividades rentables, que se les compensa la inversión y el trabajo. De lo contrario, optarán por salidas laborales menos arriesgadas, más cómodas, que dan menos preocupaciones.

También es necesario agilizar y actualizar los importes de las ayudas para que el primer esfuerzo inversor reciba pronto ese apoyo inicial. Hoy día, las inversiones para instalarse son cuantiosas, sea en tierras, maquinaria, infraestructura ganadera que no requiera demasiado personal…
Si las ayudas tardan en gestionarse y su cuantía se ha quedado desfasada con respecto a los precios reales de mercado, sólo podrán ser agricultores y ganaderos quienes ya partan de una explotación familiar.

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