Editorial de febrero de 2025
Vivimos en una era en la que el consumo de contenido se redefine a cada instante, adaptándose a las nuevas realidades de nuestra hiperconectada sociedad.
La convergencia entre pantallas ha transformado no solo cómo consumimos, sino también cómo se crean los contenidos. Inspirado en un brillante análisis de Enrique Dans, el fenómeno del consumo mixto, donde el móvil y la televisión compiten y colaboran simultáneamente, ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una norma cultural. Las empresas de entretenimiento, con Netflix a la cabeza, no solo han tomado nota, sino que están evolucionando activamente para abrazar esta nueva realidad.
El concepto de “ambient TV” (televisión de fondo) refleja este cambio de paradigma. Diseñar contenidos que no demanden una atención exclusiva, sino que puedan coexistir con otros estímulos, representa una revolución en cómo se aborda la narrativa. Por ejemplo, series en las que los personajes verbalizan sus acciones o episodios con temática independiente que permiten entrar y salir de la trama sin temor a perder el hilo conductor son solo algunos ejemplos de cómo se está moldeando este modelo de consumo “de fondo”.
Estas decisiones creativas no solo responden a los hábitos actuales, sino que también generan nuevas oportunidades para captar audiencias en un mercado ferozmente competitivo.
La comparación con el consumo de eventos deportivos es especialmente ilustrativa. En un partido, las voces de los comentaristas guían al espectador para que no se pierda los momentos clave del encuentro, incluso si está distraído con “la otra pantalla”. Este enfoque mixto, en el que la narrativa audiovisual se complementa con indicadores sonoros o visuales, ahora se traslada a otros formatos de entretenimiento, marcando un antes y un después en cómo se conciben las experiencias audiovisuales.
Sin embargo, este cambio también plantea interrogantes. ¿Estamos sacrificando la atención plena en aras de la multitarea constante?
Mientras las tendencias nos empujan hacia un modelo de entretenimiento más fragmentado y adaptable, muchos aún anhelan las experiencias inmersivas. Aquellas que, como las buenas películas o las conversaciones significativas, capturan completamente nuestra atención y nos invitan a desconectar de todo lo demás.
El desafío para los creadores de contenido está en encontrar el equilibrio. Reconocer y adaptarse a la realidad de un espectador distraído no implica necesariamente renunciar a la posibilidad de ofrecer contenido que también pueda cautivar. La clave está en la diversidad: crear para el espectador que busca una compañía de fondo, pero también para aquel que quiere sumergirse por completo en una historia.
Yo personalmente me niego a estar viendo el teléfono móvil mientras disfruto de una buena película o una gran serie, debo ser ya muy antiguo en esto, pero observo a mi alrededor y cada vez, por desgracia es lo más habitual…
En este mundo de consumos simultáneos y tendencias emergentes, queda claro que las reglas del juego han cambiado.
Pero, como consumidores, también tenemos el poder de decidir cuándo mirar, cuándo escuchar y, lo más importante, cuándo conectar. Porque al final, más allá de las pantallas, lo que verdaderamente perdura son las experiencias que nos hacen pausar, mirar y sentir.
Queridos lectores, espero que consigan ser felices entre tanta pantalla.