La Fundación Díaz-Caneja inaugura su nueva temporada este jueves 6 de febrero a las 19:00 horas, en un acto en el que estará presente la artista Mercedes Melero
No existe vida sin agua. Y por eso, la mayoría de las poblaciones, a lo largo de la historia, se han asentado a orillas de un río. ¿Qué relación tenemos con el líquido elemento? ¿Ha cambiado en el contexto actual? La artista Mercedes Melero, natural de Boadilla de Rioseco, se centró en la relación que los humanos mantenemos con el agua para su trabajo de investigación artística, en el que aborda cómo nuestras actividades influyen en la configuración del paisaje y la biodiversidad. La muestra se compone de un conjunto obras en diferentes soportes (pintura, fotografía, video y documentación) que tienen como referencia nuestra relación con el agua y la naturaleza.
La observación de los innumerables aspectos del agua desde el lenguaje del arte contemporáneo posibilita interconectar ideas e investigaciones que abordan nuestra relación con la biodiversidad, el concepto del paisaje, la salud, la alimentación, el modo de vida y las estructuras de poder.
Se busca agua surgió a partir de la falta de agua potable en Boadilla de Rioseco (Palencia) y se ha desarrollado a lo largo de 2024 con el apoyo de la residencia Isabel Almansa promovida por la Fundación Díaz-Caneja y financiada por el Ayuntamiento de Palencia.
Este proyecto ha producido una serie de piezas artísticas, surgidas de la investigación del estado actual de algunos acuíferos y de la relación de la población con su consumo de agua, especialmente en la ciudad de Palencia. Las obras reflexionan sobre la nueva configuración del paisaje y la modificación de los acuíferos tras la intervención humana. Las piezas y documentos se centran en mostrar la influencia de esa actividad y sus estructuras de poder social y económico sobre la biodiversidad de especies animales y vegetales, y de cómo afectan al cambio medioambiental, para así poder imaginar posibles futuros donde convivir con estos problemas. Los paisajes que aparecen son una representación simbólica de la intervención de nuestra especie en el ciclo del agua, a partir del modelo socio-económico actual, incorporando de este modo la cuestión ecológica y el activismo medioambiental como parte inseparable de dicha representación.
Mercedes P. Melero (Boadilla de Rioseco, 1959), se licenció en Bellas Artes en la Escuela de B.B.A.A. de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia. Ha realizado exposiciones en diversas galerías de arte como Buades (Madrid), Temple (Valencia), Miguel Marcos (Zaragoza) o Lezama (Valencia) y ha participado en ferias de arte como ARCO (Madrid), ART’16 o 17 Basel (Basilea-Suiza). De 1985 a 2019, fue profesora titular del Departamento de Dibujo y Representación Gráfica en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de las Islas Baleares EASDIB (Palma). Ha impartido talleres sobre arte urbano y dibujo performativo en el Instituto Politécnico de Coimbra (Portugal), así como sobre pintura efímera con alumnado de altas capacidades en Mentoriment- UIB (Universidad de las Islas Baleares). También ha desarrollado proyectos colaborativos con enfoque feminista como Identidad de género y roles sociales (Centro Flassaders) y Atlas es mujer (Casal Solleric) en Palma de Mallorca.
La exposición de Mercedes Melero centra la nueva temporada artística de la Fundación Díaz-Caneja, Museo de Arte Contemporáneo y Centro de Paisaje, Medioambiente y Ruralidad, que se inaugura este jueves 6 de febrero a las 19:00 horas en un acto en el que estará presente la propia autora.
Otros autores
Además, la nueva temporada expositiva exhibe los siguientes trabajos:
Gerard Ortín Castellví | Regímenes alimentarios
Ortín Castellví examina la evolución de la agricultura industrial y el papel de los invernaderos tecnificados en la producción de alimentos. A través de una trilogía de videos—Future Foods, Agrilogistics y Bliss Point—explora la relación entre tecnología, producción agrícola y control económico, mostrando cómo los alimentos han pasado de ser un recurso natural a una mercancía altamente manipulada. Su obra critica la automatización y la deshumanización del sector agroalimentario, utilizando el invernadero como una metáfora del modelo capitalista que prioriza la eficiencia sobre la conexión con la tierra y los ciclos naturales.
Abelardo Gil-Fournier & Jussi Parikka | Seed, Image, Ground
Este video-ensayo aborda la relación entre las semillas, la tecnología y la transformación del paisaje a través de imágenes y videos promocionales sobre el bombardeo de semillas desde aviones. La obra investiga la convergencia entre la agricultura, la automatización aérea y la militarización del medio ambiente, mostrando cómo estas prácticas alteran la percepción del territorio. La pieza explora la idea de que la observación de las superficies vegetales puede revelar vínculos con estrategias militares y tecnológicas aplicadas a la gestión ambiental.
Regina José Galindo | Mazorca
La instalación de Galindo reflexiona sobre la relación entre el maíz y la resistencia indígena en Guatemala. La obra se inspira en la quema de cultivos durante la guerra y en la lucha contra la “Ley Monsanto”, que amenazaba la autonomía alimentaria del país. En su acción artística, la artista se oculta en un maizal mientras hombres con machetes lo destruyen, simbolizando la violencia contra los pueblos indígenas y su lucha por preservar sus tradiciones agrícolas. La pieza busca visibilizar las tensiones entre la explotación de los recursos naturales y la identidad cultural.
Michelle Stuart | Wind/Rain/Time
Pionera del Land Art, Michelle Stuart presenta una serie de imágenes que documentan los efectos del viento y la lluvia sobre una roca en 1974. Años después, digitaliza estas fotografías, creando una obra que encapsula tanto la memoria del proceso natural de erosión como la memoria de su propio trabajo artístico. La exposición combina elementos de la naturaleza con medios contemporáneos, resaltando la interacción entre el tiempo, la materia y la creación artística.
Isidoro Valcárcel Medina | N.S.E.O.
Esta instalación sonora, creada para un festival en los campamentos de refugiados saharauis en Argelia, reproduce voces en 15 idiomas que enuncian los puntos cardinales en un ciclo infinito. La obra, instalada en un poste de madera similar a los usados para la electricidad, simboliza la búsqueda de dirección y esperanza del pueblo saharaui. A través de la repetición y la ausencia de respuestas concretas, la pieza enfatiza la incertidumbre de un futuro que, pese a todo, sigue siendo posible.