El principal ingrediente para hacer una pizza diferente a las demás no es la harina, ni el queso, ni el tomate. Es la emoción.
Francesca Cristina, capitana del equipo Kuró, una de nuestras pizzerías más singulares y queridas, sabe tanto de masas y sabores como de emociones. Y por eso, siente que todo lo que ha vivido en los últimos meses es pura vida, un antes y un después en la trayectoria de este restaurante siciliano y palentino que ya forma parte de nuestra identidad gastronómica. Y es que la Pizzería Kuró se ha alzado con el segundo premio del concurso Mejor Pizza de España, que indagaba entre los mejores restaurantes del país (el suyo ya tenía el marchamo logrado en varias ediciones de Madrid Fusión).
Francesca, que se define como palertina (mitad palermitana, mitad palentina), solo sabe hacer las cosas «lo mejor posible». Por eso valoró mucho presentarse a este certamen cuando recibió la invitación. Pero sintió que la organización estaba a la altura y escogió una de las creaciones de su extensa carta.
Sin embargo, a lo largo del proceso tuvo una intuición. «Cuando llegó la fotógrafa y saqué la pizza, sentí una sensación de vacío: de pronto no me gustaba la presentación ni le encontraba sabor. Supe que aquella no era la pizza». Quedaban apenas unos días para iniciar el certamen, en el que además de la visita del jurado, se emitían 500 códigos para clientes que podían acercarse al restaurante y votar. No había tiempo que perder.
Aquella noche, Francesca se tumbó en la cama y empezó a darle vueltas. Tiró de su don especial para sentir los sabores en su imaginación y compuso una pizza que, además, tenía una historia, que era la suya. UnDueTre… es el nombre de la creación que se ha alzado con el título de Segunda Mejor Pizza de España. Un certamen al que Kuró se presentaba por primera vez y en el que solo fue vencida por uno de los restaurantes madrileños más premiados a nivel internacional, por lo que el mérito es doble. Así lo atestiguan las decenas de miles de visualizaciones en redes sociales e impactos en medios de comunicación, como también el éxito que tuvo en Kuró.
Y es que una parte del concurso se componía de los votos de los clientes, a través de 500 códigos que se consumieron en apenas diez días. «Fue una locura», admite, ya que la pizza, que combina sabores de la gastronomía tradicional siciliana, era demandada una y otra vez, como lo sigue siendo hoy día.
De Palencia a Palermo
La pizza es un viaje de Palencia a Palermo a través de los sabores. Cuenta una historia que no desvelaremos aquí, pues solo puede conocerse de verdad si se escucha en boca de Francesca y se saborea recién sacada del horno.
Pero sí podemos avanzar que quien participa de este pequeño ritual emocional a través del sabor, suele sonreír, aplaudir o incluso llorar. Con este juego gastronómico, Francesca, maestra de formación, ha viajado también hasta su infancia, hasta conectar con aquella niña que aprendió a cocinar con su padre, a no rendirse, soñar, a esforzarse hasta conseguir su objetivo y a sonreír durante un proceso que ha de disfrutarse.
Un viaje de Palencia a Palermo en el que saboreamos también el valor del trabajo en equipo, como el que compone Kuró, absolutamente comprometido y a quien Francesca está tremendamente agradecida. Viaje que quiere continuar, abierta como siempre a lo que la vida le traiga, a crecer «y seguir disfrutando, porque me apasiona mi trabajo, apoyándome en el orgullo y cariño que la gente de Palencia y de Palermo me ha transmitido en estos meses».
Y un viaje que, hoy, atrae a clientes de toda España, que se están acercando hasta la pizzería ‘‘palertina’’ para sentir esa emoción. Porque, si algo ha demostrado Kuró con este logro, es la conexión directa entre el paladar… Y el corazón.