Los vecinos manifiestan su malestar con las obras y los ruidos con pancartas en un particular concurso de fachadas
No se les puede negar ingenio a los vecinos del Camino Viejo de Husillos al demostrar ingenio dentro de su desesperación. Salvando las distancias, sería como el que tiene aún humor cuando está en el Tanatorio velando a un ser querido.
Camino Viejo de Husillos, una zona de experimentación jurídica
Desde el pasado verano han desarrollado diferentes protestas para hacer ver su malestar con el desarrollo de las obras del Salto de Carnero junto a sus casas. Han manifestado en varias ocasiones que no están en contra de la propia estructura, sino de la forma en la que se está ejecutando y su afección directa en su vida, su descanso.
Ya el pasado verano anunciaron que iban a poner en venta sus viviendas (de forma simulada) como protesta por el encierro al que les sometió la concesionaria de la obra, ocupando parte del Camino Viejo de Husillos, colocando pantallas de protección acústicas a a la misma puerta de su casa, impidiendo prácticamente el acceso a sus viviendas.
Esas pantallas se acabaron retirando porque invadían terreno que no estaba dentro del definido por la obra, aunque servían para proteger la viviendas de los ruidos.
No han ido pocas las convocatorias entre los vecinos para salir a su calle, a la vera de las vías para quejarse de unos inconvenientes propios de unas obras pero que les deberían ser ajenos a su vida diaria.
Decenas de vecinos protestan contra las obras de la Alta Velocidad y el salto de carnero en Palencia
Aspectos como explosiones.
Ahora, tras el inicio de las obras en horario nocturno, han vuelto a tirar de ingenio para hacer más patente si cabe su protesta: un concurso de fachadas.
Como los desarrollados durante las pasadas fechas navideñas en muchas localidades, pero en este caso con un fin reivindicativo, de dar guerra, de que su protesta no se olvide y la administraciones tomen cartas en el asunto para que su vida no deje de ser la que tenían hasta no hace tanto. Ver el tren pasar, junto al que decidieron vivir (ellos o sus antepasados), pero solo el tren y no micropilotadoras dando golpes de madrugada.