Las gradas en el partido Palencia-Menorca. / Óscar Herrero

Es normal que una afición anime a su equipo. Para eso es, para eso paga, para eso existe. Para darle ese puntito picante a sus jugadores cuando la gasolina falta. Para celebrar ese canastón en escorzo que además arrebaña un adicional. Para vitorear, como si fuera el triple sobre la bocina, un robo al descuido. Un hurto sin fuerza en las cosas, un levantamiento de cartera al rival en toda regla.

Y sufre. La del Municipal de Palencia, sufre. Cuando el equipo no carbura, cuando el balón no entra o al equipo contrario le salen mejor las cosas. Y eso es lo que ocurrió anoche en el partido entre el Súper Agropal y el Menorca. En un primer cuarto en el que los palentinos no acertaban a encestar. En el que el Menorca se iba en el marcador.

Pero ese sufrimiento se convirtió en, poco a poco, alivio, cuando los locales fueron haciéndose un hueco en el marcador.

Pero también la afición está, llena las gradas, levanta la bufanda, para hacerse notar ante los contrarios y el trio arbitral. Javier Zamora, entrenador del Menorca, destacaba en rueda de prensa “la puesta en escena” del Palencia Baloncesto. De su afición. En un partido en que, todo sea dicho, en algunas jugadas blanditas de los morados, se escucharon murmullos de desaprobación. “De morado se luchan todos los balones”, daba a entender el graderío.

Quienes no se han marchado tan contentos de esa puesta en escena del Municipal han sido los árbitros, que han escuchado dos de las más atronadoras broncas de los últimos tiempos aquí en Palencia. Las dos tras la segunda técnica a Luis Guil, por protestar un fuera que acabó en triple. Pitos y más pitos, que ardían por el cabreo acumulado de los 47 tiros libres que hace una semana fueron una de las razones por las que el Súper Agropal no se pudo llevar la victoria en Zamora.

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Al final, pese a que el camino de Guil hacia los vestuarios descompuso un poco al equipo, victoria muy celebrada por los aficionados palentinos. Que cuando hay que animar, animan; cuando hay que protestar, protestan; y cuando hay que celebrar, celebran. Como toda buena afición.

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