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Los aficionados estallaron de alegría como cuando el lituano le metió aquel triple al Lleida

Pocos partidos han llevado, en los últimos tiempos, al corazón de los aficionados palentinos tan al límite y no acabar con una decepción. Puede que el último, con final infructuoso para los morados, fue aquel del pasado año en el Laprovittola lanzó la moneda al aire y le salió cara al FC Barcelona y cruz para el Palencia en su primer encuentro como casero en la ACB.

Puede que para definir lo que ocurrió anoche en las gradas del municipal haya que remontarse varias temporadas atrás. Cuando quienes disfrutaban de las proezas del por entonces Chocolates Trapa eran muchos menos de los que hoy pueblan el Municipal. Aquel día en el que un ‘tal’ Simas Jasaitis le enchufó un triple al Lleida cuando la luz del marcador se encendía para darle la victoria a los morados. Estallido, explosión termonuclear de alegría morada.

Ayer, en una jugada muy parecida, saque de banda a favor de los morados a tres segundos, pero sin triple, sino metiendo el balón a la olla para que Krutwig pusiera por delante a los palentinos, desató los mismos megatones de potencia.

El culmen a un partido en el que la parroquia palentina sufrió, se vino arriba y volvió a apretar los dientes ante lo que veía en la cancha. Y no todo deportivo, porque sonoras fueron las pitadas y protestas del respetable a la tripleta arbitral, al entender que le estaban contratando un leasing al Flexicar Fuenlabrada. Faltas y faltas favorables a los de Madrid, cambiando el criterio no solo a lo largo del partido sino también territorialmente.

Porque la principio se venía como el Fuenlabrada iba imponiendo su ritmo. Su acierto en los tiros. Cierta preocupación entre los aficionados que habían aplaudido y recibido casi con honores a quien estaba siendo uno de sus verdugos: Jorgensen. Jugador que, curiosamente había vivido en primera persona la jugada de Jasaitis en el Trapa Palencia. También recibieron con algarabía a McGrew y con no tanta simpatía a Iván Cruz. Con pitos cada vez que salía al campo o tocaba el balón y cánticos de pesetero pesetero, la grada no le perdonó que dejara el Palencia el pasado verano tras un año en blanco en la enfermería palentina. Sería por la presión de los aficionados o por la que le aplicaron los jugadores morados, Cruz casi fue irrelevante en el partido.

Pero poco a poco, el claro se abría en el cielo. Los palentinos le fueron ganando la partida a los visitantes y eso se notaba también en las gradas que veían a su equipo demarrar.

La segunda parte, especialmente él último cuarto fue el de apretar los dientes, el de protestar y el de celebrar una victoria, en el último segundo, de mucho peso.

El Súper Agropal Palencia puede con los grandes y la presión

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