El instrumento, construido por la empresa palentina Otorel a finales del siglo XIX, permitirá interpretar repertorio sinfónico tras someterse a una compleja restauración
Fray Luis Miguel García, prior del Convento de San Pablo, observa con atención cómo trabajan Carlos Maté y Federico Atencia, los especialistas de la Organería Acitores, de Torquemada, que colocan con mimo el complejo puzle de piezas del gran órgano construido en 1898 por Juan Otorel e hijos. Están colocando los tubos de la fachada del órgano que, nuevamente, luce en el coro de este templo de la ciudad de Palencia.
El máximo responsable de San Pablo no oculta su ilusión ante la culminación de un proceso largo y laborioso, que no solo le ha devuelto la música a esta compleja máquina y obra de arte diseñada a finales del siglo XIX, sino que, al mismo tiempo, supone el broche de oro a toda una estrategia de recuperación integral del patrimonio de este templo dominico.
«En una iglesia como ésta, que es de las que más fieles recibe, era una pena que el órgano llevara sin sonar desde el año 80», más aún tratándose de un instrumento tan singular. «Su restauración viene a concluir un proceso de varios años interviniendo todo el patrimonio artístico de la casa», incluidos retablos e imágenes. «Va a dar un realce a las celebraciones litúrgicas y va a potenciar esa dimensión cultural que permita celebrar conciertos y acercar el instrumento a la sociedad».
De hecho, la cercanía con el Conservatorio Profesional de Música se vio como una oportunidad para potenciar esa dimensión concertística, pero también educativa, en virtud de un convenio de la Junta de Castilla y León que permitirá el uso del órgano por parte de los estudiantes del centro.
Una pieza singular
Si cada órgano es una pieza única, en este caso, además, se trata de una pieza verdaderamente singular. «Hay muy pocos ejemplos en España de este tipo», confirma el maestro organero Federico Acitores, que ha dirigido la compleja restauración iniciada en 2021.
Y es que el taller de la familia Otorel, ubicado en Palencia, desarrolló un sistema de válvulas que resolvía el problema de la inestabilidad del caudal de aire para los tubos, ya que los órganos sinfónicos son de mayor tamaño y complejidad que los barrocos. «En lugar de una válvula por cada tecla tiene una válvula por cada tubo», así hasta los 1.550 que completan un instrumento de dos teclados y pedal, lo que ha hecho de la restauración, artesana y exhaustiva, un proceso todavía más laborioso.
Además, el equipo que dirige Acitores ha ampliado la caja, de estilo neogótico, para poder albergar la tubería del pedal.
«Estaba en muy mal estado, pero conservaba tubería, de manera que hemos podido mantener su sonido original», detalla.
A los trabajos de montaje seguirán estos meses los de armonización, hasta devolverle la voz, por fin, a un instrumento que se convertirá en dinamizador cultural de la ciudad y alma de las celebraciones litúrgicas de San Pablo, a partir del próximo mes de mayo.