Fue estrenado hace un siglo en el Teatro Principal en la Fiesta de los Exploradores, y los allí presentes pidieron que la obra, que “llenaba un vacío”, volviera a ser interpretada
¿Cuándo ha pedido usted unos bises? Posiblemente en el concierto de ese cantante o aquel grupo que tanto le gusta. Igual hasta en una verbena de la que no se quería ir, o cuando bailaba pegado a su pareja (la actual o la de antaño) y deseaba que no acabara ese contacto. ¿Pero a que no se ve pidiendo unos bises para el lento y largo (desde la perspectiva actual) himno a Palencia?
Eso es porque usted no estaba aquel día en el Teatro Principal de Palencia. Si hubiera sido uno de los presentes aquel 20 de febrero de 1925 se habría levantado enfervorecido o enfervorecida ante la actuación de la Banda Municipal de Música de Palencia, a los instrumentos y el coro de los Exploradores, a las voces, para llevar a la realidad la obra parida por el director de la Banda, Antonio Guzmán Ricis y el poeta Ambrosio Garrachón Bengoa. “Dios te salve, Palencia Querida, Dios te salve…”.
Aquel himno, que como escribía solo hace unos meses el etnógrafo Carlos Porro en Diario Palentino, habían podido ya escuchar sólo unos pocos en petite committee en diciembre, pero sin estar totalmente acabado, fue el plato fuerte de una velada en el Principal destinada en principio a la fiesta en beneficio de la Institución Nacional de Los Exporadores de España, una especie de boyscouts de la época.
En un primer acto, como recogía el 21 de febrero de 1925 El Día de Palencia, el himno de Los Exploradores ante un principal que “ofrecía el aspecto de las grades solemnidades”.
“Asistió numeroso y distinguido público que llenaba por completo todas las localidades”. “Los palcos eran ocupados por las Autoridades, distinguidas personalidades de la ciudad y elegantes damas y señoritas, ricamente ataviadas”, explicaba El Día de Palencia. Aunque es posterior, imagínense ese párrafo con la voz de Matías Prats para entrar mucho más en aquel ambiente de la Palencia de dictadura de Primo de Rivera.
En una sesión en la que se proyectó el péplum ‘Cabiria‘, de 11 años atrás (1914). Una “monumental película de costumbres romanas admirándose en la pantalla suntuosas solemnidades de Tebas, Lemnos, Samotracia en honor a los cabiros, con el lujoso esplendor italiano, siendo del mayor agrado del público”, muestra como un libro abierto por el 21 de febrero de 1925 el ejemplar de El Día de Palencia expuesto estos días en el hall de la Biblioteca Pública de Palencia.

El himno.
Tras la película y las actuaciones de jóvenes cantores como “Eduardito Arconada, que solo cuenta con 10 años” y dio pruebas “de ser una esperanza envidiable en el difícil arte de la música”, llegó el turno del estreno, con toda la pompa y circunstancia, del Himno de Palencia, “letra del laureado poeta y cronista palentino don Ambrosio Garrachón Bengoa, y música del culto compositor y director de la banda municipal de música de Palencia, don Antonio Guzmán Ricis, que de tal forma quisieron llenar un vacío que venía sintiéndose en Palencia componiendo el primer himno popular de Palencia”.
Lo interpretó la Banda Municipal y fue cantado por los Exploradores “y otros muy valiosos elementos de la capital”. “El público obligó con sus ovaciones a repetir la interpretación del himno, por cuyo motivo fueron muy felicitados sus autores e intérpretes”. “En resumen, la fiesta resultó brillante”, certificó El Día de Palencia.
La glosa.
El Himno a Palencia se hizo para engrandecer a esta tierra. Tanto a la capital como a la provincia. Un himno utilizado en los eventos oficiales de las instituciones, que no siempre ha sido conocido por los palentinos a nivel popular. De hecho, no es fácil hallar a alguien que se lo sepa entero. Y eso que no será por las veces que sonó en la segunda mitad de la década de los 90, dado que durante cerca de un lustro fue utilizado por Tele Palencia para dar por terminada su programación.
También en la Plaza de Toros se ha intentado que los tendidos los cantaran, y para ello en lso sanantolines se repartían octavillas con la letra… El último intento ha llegado con el baloncesto, aunque en una época tan instantánea, se ha optado por recortar los casi cinco minutos y 26 versos y dejarlos solo en los cuatro primeros y seis últimos versos, antes de la exaltación del Palencia, Palencia.
Es esa exaltación la que también se buscaba con la letra completa del himno a Palencia.
Dios te salve, Palencia querida,
Dios te salve, granero de España
vega y valle, llanura y montaña
forman toda tu tierra de afán.
Junto al férreo castillo ruinoso
se oye el canto de tus agosteros
mientras surgen al sol los mineros
en las cuencas de Orbó y Santullán.
Eres grande, humilde y altiva,
vencedora del fuerte romano,
nombre y prez del solar castellano,
cuya historia ilumina tu luz.
Cuna hidalga de genios ilustres,
que lograste, luchando en Tolosa,
alcanzar el laurel victoriosa
añadir al Castillo la Cruz.
¡Gloria al pueblo valiente y honrado!
¡Gloria al pueblo creyente y sufrido!
noble patria donde hemos nacido,
arca de oro, de fe y caridad.
En tus muros se estrella Lancáster,
triunfa de él la mujer palentina
y al impulso de la Estudiantina
se instituye la Universidad.
Y al impulso de la Estudiantina
se instituye la Universidad.
De la Estudiantina la Universidad.
De la Estudiantina la Universidad.
Una forma de glosar las bondades y el orgullo palentino, como se podía leer en El Día de Palencia que el día después del estreno, analizaba cada uno de los versos de Garrachón Bengóa. “Hemos querido quintaesenciar el valor espiritual y material de nuestra provincia a la que se ha consagrado (el himno): comenzando por la mismas palabras del Arcángel San Gabriel a la Virgen María. Dios te salve”.
Dios te salve, Palencia querida, Dios te salve, granero de España
“Sus extensos llanos producen cereal en mayor abundancia que otras provincias españolas y la Tierra de Campos tiene fama de ser el granero de Castilla y por tanto de España”.
Vega y Valle, llanura y montaña forman toda tu tierra de afán, no necesita mucha explicación.
Junto al ferreo castillo ruinoso, se oye el canto de tus agosteros.
En 1925, “todavía conserva Palencia las fortalezas de Monzón, Fuentes de Valdepero, Ampudia, Paradilla, etcétera, ruinosas por el tiempo, que todo lo destruye, pero símbolo augusto de la firmeza de sus defensores frente a los campos apacibles, en que ondea la mies que troncha el segador”, analizaba el periódico provincial.
Mientras surgen al sol los mineros en las cuencas de Orbó y Santullán.
“Cuencas, donde la Compañía del Norte explotan minas abundantísimas. La riqueza material de la provincia se halla, pues, en sus carbones y en sus cereales”, aseguraban los coetáneos al himno. Mucho ha cambiado la provincia desde entonces, sobre todo en lo de la minería.
Eres grande, y humilde y altiva, vencedora del fuerte romano.
El Día de Palencia recuerda a Palencia como “de elevada jerarquía, prócer, fausta, ejercitan sus habitantes la humildad, con sumisión y rendimiento eminentemente cristianos, al mismo tiempo que ella se engríe y ensancha de su caudal histórico, con gallardía alentadora”. Y no se olvida el autor (anónimo) del análisis, que “venció tres veces a los romanos, yendo con su terrible caballería contra Licinto Lúculo, Cayo Hostilio, Emilio Lépido, Escipión y Pompeyo”.
Nombre y prez del solar castellano cuya Historia ilumina tu luz. “Palencia perteneció a Castilla La Vieja hasta el año 1883, que fue agregada la Reino de León por conveniencias administrativas y económicas. No obstante, su Historia va ligada íntimamente, a la de Castilla, de la cual fuer Corte con Alfonso VIII”.
Cuna hidalga de genios ilustres.
“Distinguida, privilegiada, exenta de pagos y gabelas por reyes dio al mundo ingenios: Alfonso Berruguete, Jorge Manrique, Marqués de Santillana, Casado del Alisal, Modesto Lafuente…”, enumeraban en 1925.
Que lograste luchando en Tolosa, alcanzar el laurel victoriosa, y añadir al Castillo la Cruz.
“Palencia tomó parte en la memorable batalla de Las Navas de Tolosa (…) con infinidad de palentinos que se portaron heroicamente contra la morisma, hasta el extremo de que el Rey, agradecido mandó añadir al Escudo de Palencia la Cruz de la Victoria”.
Gloria al pueblo valiente y honrado, gloria al pueblo creyente y sufrido. Noble patria donde hemos nacido, arca de oro, de fe y caridad.
“Pruebas mil tiene dadas Palencia de ser pueblo esforzado y animoso, activo y eficaz, procediendo rectamente, con honor y estimación dentro de las agitadas luchas de la patria”.
En sus muros se estrella Lancaster, triunfa de él la mujer palentina.
“Se da como cierto y se recoge por historiadores de la talla de José María Quadrado, el hecho memorable de las damas palentinas defendiendo la ciudad en 1387 contra el duque de Lancaster, en unión de la plebe, viejos y niños, en la antigua muralla, cuando caballeros y escuderos se hallaban en Valderas, hecho por el cual Juan I concedió a nuestras paisanas la banda de oro que solo usaban los caballeros”.
Y al impulso de la estudiantina, se instituye la universidad.
“Establecidos los Estudios Generales por el Obispo Don Ponce, ellos fueron base de la primera Universidad fundada por Alfonso VIII en Palencia”, resumía El Día de Palencia hace hoy cien años.
Un siglo en el que, es cierto, Palencia ha cambiado mucho (para bien y para mal) pero que aún se sirve de los 26 versos y unas partituras escritas hace una centuria para henchirse de orgullo y de sentimiento palentino. Con bises y sin ellos.
