El pintor presenta en el Centro Cultural Provincial de Palencia sus últimos cuadros de Castilla y el País Vasco
“El arte no es lo que ves, sino aquello que haces ver a los demás”. Con esta frase de Joaquín Sorolla (1863-1923) podemos arrancar la exposición de Antonio de la Peña en el Centro Cultural Provincial de la Diputación de Palencia. El pintor afincado en Bilbao pero nacido en 1938 en el número 9 de la calle Panaderas de la capital palentina, muestra 26 cuadros pintados en los últimos años, casi todos ellos de formato grande, en el que se maneja muy a gusto dada su potente pincelada. De la Peña traslada a los lienzos su visión personal de dos tierras que él conoce y ama, su Castilla natal y el País Vasco de adopción. Lo que nos hace ver el pintor de estos territorios es una riqueza plástica y una belleza esplendorosa que han alcanzado una personalidad propia.
El primer bloque de cuadros de la exposición corresponde a Castilla, a Tierra de Campos, a una Castilla anclada en el pasado. De la Peña refleja labores agrarias ya desaparecidas, como la cosecha de cereal con las antiguas segadoras, la recogida de la gavilla y la trilla en la era. Salvo el cuadro ‘Campo de amapolas’, pintado en 1997 y de pinceladas rojas, el resto han sido creados en los últimos años, lo que evidencia la voluntad del pintor de mantener viva esa imagen del labrador a pleno sol, alejado aún de los adelantos de la mecanización, cuando los rastrillos recogían las mieses y el agricultor se enfrentaba a la dureza de unas labores manuales bajo un sol radiante, ejemplificado plásticamente en los intensos ocres que imperan en estas obras.
En este primer bloque de cuadros de temática castellana se ha incluido un paisaje vasco, de Garay, donde los potentes amarillos de la tierra castellana se han tornado en verdes cargados de frescura y en otros más apagados para reflejar el territorio en el que reside el artista. De la Peña se ha movido entre su tierra natal y la adoptiva, de ahí el título de la exposición, ‘Pintor de Castilla… pintor de la ría’. El creador mantiene el equilibrio entre ambos paisajes de una forma natural, sin forzar el pincel. Ambos temas los aborda con la misma pasión y entrega. Para él, la tierra de nacimiento y la de adopción son la misma materia prima, hacia las que siente una querencia especial. El artista combina esos dos escenarios, que refleja con excelente magisterio y una pincelada dotada de una exquisita libertad plástica.
Los cuadros de la costa abarcan la mayor parte de la exposición, con una primacía de la ría de Bilbao y otras localidades costeras vascas, pero con guiños a Mallorca, donde pasa largas temporadas, Cantabria (San Vicente de la Barquera y Castro Urdiales) y Venecia. El color vira en estos cuadros hacia el suave azul del mar y sobre todo, a una gama de colores enriquecida para reflejar los barcos varados en los puertos y las arquitecturas de los pueblos. Como ocurre con los cuadros de Castilla, en las marinas, De la Peña busca para sus temas labores en desuso, como el cosido de las redes, y esa imagen ya desaparecida del Bilbao industrial, antes de la llegada del Museo Guggenheim, con sus grúas de astilleros y los altos hornos.
Antonio de la Peña es conocido como el ‘pintor de la ría’ porque ha sabido plasmar en los lienzos un Bilbao diferente, más romántico y puro, aunque no tan añorado por la transformación urbanística que generó el proceso de reconversión industrial y la llegada de la sede museística norteamericana.
El artista palentino ejecuta una pincelada fuerte, potente, que en algunos puntos llega a lo matérico. Una pincelada rápida de matiz impresionista e intuitiva que deja entrever las figuras, ejecutadas con total libertad, y los segundos planos para resaltar el conjunto de un paisaje castellano o un paisaje marino. De la Peña es un maestro en el manejo de la luz, que parte de un esplendoroso sol cenital. Gracias a esa luz, captada con suma elegancia, podemos encontrar obras de una factura técnicamente lograda, donde la riqueza cromática es otra de las fortalezas de esta pintura.
Si abrimos la exposición con una frase de Sorolla, la cerramos con otra de Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, Francia, 1973): “La inspiración existe, pero nos tiene que encontrar trabajando”. Este es el oficio del pintor: trabajo, trabajo, trabajo, y Antonio de la Peña es un pintor de oficio y de trabajo, como lo evidencia su amplia producción, dotada de calidad, belleza y sensibilidad, y repartida por numerosas ciudades, fruto de sus más de 90 exposiciones, tanto individuales como colectivas, y por museos, fundaciones y colecciones públicas y privadas.
La exposición
Pintor Antonio de la Peña.
Título Pintor de Castilla… pintor de la ría.
Sala Centro Cultural Provincial (plaza de los juzgados).
Fecha Hasta el 23 de marzo.
Horario De lunes a sábado: de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00; domingos y festivos: de 11:00 a 14:00.