Los linces ibéricos que llegaron el pasado día 17 de febrero a la provincia palentina se encuentran vigilados las 24 horas del día. Se están alimentando “perfectamente” y todo indica que la adaptación está siendo la deseada
Están siendo sus primeros días y Virgo y Vuelvepiedras se están haciendo al clima del Cerrato Palentino poco a poco pero satisfactoriamente. Estos pequeños linces ibéricos de un año de edad fueron soltados el pasado día 17 de febrero en el monte del Cerrato Palentino procedentes del centro de El Acebuche, en Doñana (Huelva). El objetivo: dar nuevos pasos hacia su recuperación con un ambicioso proyecto de reintroducción en Castilla y León.
Bajo la supervisión de David Cubero, jefe del Servicio Central de Espacios Naturales, Flora y Fauna, este proyecto busca afianzar una población estable de linces en la región, contribuyendo así a la conservación de una de las especies más emblemáticas y amenazadas de la fauna española.
Virgo y Vuelvepiedras por el momento se encuentran en un recinto de adaptación de una hectárea en la que permanecerán bajo vigilancia durante aproximadamente un mes.
Este periodo de aclimatación es crucial para asegurar que los animales se adapten al entorno, desarrollen habilidades de caza y se preparen para la vida en libertad. “Estamos realizando un seguimiento completo de su comportamiento, alimentación y adaptación”, detalla Cubero.
Vigilancia y Adaptación
La vigilancia de los linces es exhaustiva. Equipos especializados monitorean a los ejemplares las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para garantizar su seguridad y evaluar su adaptación. “Observamos si cazan, si se alimentan correctamente y si muestran comportamientos naturales”, explica Cubero. Hasta ahora, los resultados son alentadores: “En estos primeros días no hemos observado ninguna circunstancia anómala que nos haga pensar que tenemos problemas de adaptación”.
El recinto de adaptación cuenta con conejos en libertad, lo que permite a los linces practicar la caza, su principal fuente de alimento. “Están cazando por su cuenta y alimentándose perfectamente”, asegura Cubero. Una vez finalizado el periodo de adaptación, los linces serán liberados en el medio natural, donde se espera que establezcan sus territorios y contribuyan a la recuperación de la especie.
Este mismo proceso de aclimatación les espera a los otros cuatro linces ibéricos que también serán soltados en el Cerrato Palentino en los próximos meses, por lo que se prevé que a finales de mayo el total de los seis ya estén en libertad.
Este año han sido seis los linces que se han destinado a Castilla y León dentro del programa de Conservación In Situ, durante los próximos años se destinará un número similar hasta que se consiga afianzar y asentar la población, para dar por cumplido el objetivo.
Reproducción y Consolidación de la Población
Uno de los objetivos a largo plazo del proyecto es lograr la reproducción de los linces en libertad. Sin embargo, los ejemplares liberados este año son cachorros de un año, por lo que no alcanzarán la madurez reproductiva hasta dentro de uno o dos años. “El celo de los linces se produce entre diciembre y febrero, y los partos de las primeras cópulas suelen ocurrir a finales de febrero o principios de marzo”, explica Cubero. “Esperamos que entre el año que viene y el siguiente ya puedan ser ejemplares reproductores”.
Además, el proyecto busca imitar el ciclo natural de los linces. “La liberación de los ejemplares coincide con la época de dispersión natural de los cachorros, que suele ocurrir entre febrero y abril”, explica Cubero. Este enfoque no solo favorece la adaptación de los linces, sino que también permite a los centros de cría disponer de espacio para los nuevos cachorros que nacerán en primavera. “Se imita en la medida de lo posible el ciclo natural y, además, también se acompasa esta situación con la infraestructura de los centros de cría, que obviamente necesitan espacio en los centros para los nuevos partos y cachorros que se van a incorporar”.
En cuanto al número de crías, Cubero señala que “depende de la calidad del hábitat y la disponibilidad de alimento. Lo normal es que tengan entre dos y tres crías, aunque en zonas con alta densidad de conejos se han registrado camadas de hasta cinco cachorros, con supervivencia de todos”.
“Pero hay que ser prudente, paso a paso. Ahora, el objetivo es que estos ejemplares que tenemos se adapten, se fijen al territorio. Habrá dispersión, como se produce en todas las liberaciones de todas las áreas de reproducción, pero un porcentaje de los ejemplares que liberemos se fijarán al territorio”, añade. Para que eso ocurra es necesario continuar liberando linces en los próximos años y garantizar la calidad del hábitat, especialmente la disponibilidad de conejos, su principal presa.