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JUANPA AUSÍN: «He coronado la “etapa reina” de mi carrera, pero aún no he llegado a meta»


01/09/2013

Este periodista palentino se siente nómada, por eso ha recorrido un largo camino antes de llegar a Recife, Brasil, donde reside en la actualidad. Sin embargo, blande la "P" de su Palencia natal con orgullo, especialmente en días como éstos, en los que lleva a San Antolín en el corazón.

Tras su paso por periódicos como el Diario Palentino y medios de Melilla, ¿su carrera encontró meta en Brasil?

Palencia, como bien dices, fue la cuna. El Diario Palentino durante siete años fue mi verdadera aula de Periodismo. Ahí comencé de becario ya en 1° de carrera, con los Albertos (Moreno y Abascal) en Deportes. Después fue con Benito en Provincia, Sonia, Rivas… vuelta a Deportes, Suplementos con David, Deportes… Es gracioso, siendo de Deportes (aunque mi vocación, como a las cabras, me tiraba más para lo rural) y luego más asentado en Provincia, siempre fui un poco comodín cuando había que echar una mano en otras secciones. Creo que lo aproveché bien, porque me pasaron a Local junto con Carlos Hugo, Esther, Elena, Herrero (el todoterreno), y me siguieron aguantando de buena gana… Bromas aparte, realmente ahí reside toda mi base. Siempre tuve curiosidad por el trabajo de los demás elementos del periódico, como pueden atestiguarlo los de Edición (ahí estaba yo, matando horas con Olano, Lauren, Rodri y Sátur) y Navarro, César, Sara y Eva, a quienes observaba trabajar con la cámara.

Precisamente con la cámara empecé a trabajar un poco más en Melilla, en el heredero del mítico Telegrama del Rif. Fueron meses conociendo un periódico distinto. Digamos más ‘estudiantil’. Es que de las glorias del que fuese referente de los corresponsales de comienzos del siglo XX sólo quedaban una vieja imprenta y varios ordenadores destripados en una nave del Polígono Industrial. Fue otra experiencia que me abrió las puertas de otros medios. Sí, la rotatividad en los medios de comunicación de Melilla es mítica y al poco de llegar a la ciudad autónoma parece que debí llamar la atención no sólo por mi resistencia al sistema de control mediático, porque en poco tiempo salté del Telegrama al Faro (otro periódico donde hice mis pinitos con la edición de algunas páginas algo ‘diferentes’) y del Faro a la empresa Rusadir Media (detentora de varias licencias mediáticas nacionales), donde compaginaba la mañana en la emisora de COPE con la tarde en la redacción de la delegación local del Diario SUR (y sede también de Onda Cero). Ahí sí que nos hicimos multimedia, con el mini (la grabadora), la libreta y la cámara de fotos. Menos mal que cuando el editor se hizo con la licencia de Popular TV alguien consiguió convencerlo para que contratara personal específico, en vez de ponernos a alimentar de contenidos también esa parrilla…

Melilla, para mí, fue el campo de la experimentación. Con lo que había aprendido a querer la radio –y detestado la tele- en los años estudiantiles, pude por fin poner en práctica la experiencia en los dos medios, y de paso, matar el trauma televisivo. En plena encrucijada existencial acepté la oferta para trabajar en Cablemel, una emisora local (cara visible de una plataforma digital) donde aproveché para depurar y actualizar mis conocimientos de locución, presentación, grabación, montaje y edición. No tenía ni idea de cómo ese nuevo paso iba a influir en mi futuro inmediato. En lo personal porque no iba a tardar mucho en decidir hacer las Américas (entrar en la tele y salir de España fueron dos decisiones casi consecutivas y sin relación entre ellas). Y en lo profesional porque esa actualización en los conocimientos técnicos de la tele me iban a servir para garantizarme más opciones de supervivencia en Brasil donde, por motivos lingüísticos, mi labor periodística se ha visto profundamente diversificada por las ramas más audiovisuales.

Y ahora sí, respondo a si he encontrado mi meta en Brasil: En realidad no, porque las metas tienen que ser a largo plazo, no puedo darme por satisfecho aquí, casi en el comienzo de la vida. Digamos que he coronado la etapa reina. Aquí me vine en 2010 a vivir con Nadie, periodista también, emprendedora y competentísima profesional. Juntos descubrimos nuestro lado más ‘familiar’, y fruto de ese descubrimiento es nuestro pequeño huracán Marina, una revolucionaria princesita de casi dos años. ¡Ahí es nada!

Dirige su empresa en Recife

Dirijimos. Naide y yo abrimos una asesoría de comunicación aprovechando su experiencia en el mercado y las posibilidades extra que aportaba yo. Humildemente, no todas las asesorías cuentan con una periodista del nivel profesional y contrastada experiencia de Naide, ni con un fotógrafo en plantilla, con conocimientos de edición de imagen y video, traductor de español… En fin, que hay que aprovechar las armas que cada uno tiene. Y si a eso le sumas una gran querencia por lo que se hace, una profesionalidad a prueba de balas, y actualización junto con la evolución mediática, el resultado es un cliente satisfecho. Y no es que lo digamos nosotros, que visto así, parece que no tengamos abuela…


 

¿Es más "fácil" ser periodista en Brasil que en España? Tal como van las cosas por el Viejo Mundo...

 

Ser periodista hoy en día es complicado allá donde estés. Infelizmente es una profesión muy maltratada por los poderes (dónde queda aquello del cuarto poder…) y muchas veces por los propios profesionales que no supimos defender nuestro castillo. Aunque afortunadamente, sigue siendo un gremio con un prestigio más o menos sólido, a pesar de la debilidad de nuestros cimientos. Ahora, en cuanto a ser periodista en Brasil, para mí es complicado siempre que tenga el obstáculo de la lengua. Piensa que mi portugués, para el nivel exigible a nivel comunicativo, sería como poner a un chaval de cuatro años a presentar telediarios. Y otra cosa, hay que pensar que a nivel global, la competencia en el ramo cada vez es mayor (no sólo por el número como por la calidad de los competidores), así que hay que diversificar. Para mí, que venía de ejercer el periodismo, digámoslo así: puro, de periódico, informativo y boletín, el trabajo de asesoría no dejaba de ser un reto. De todas maneras, comparando con el ‘viejo Mundo’, como dices, el panorama por aquí es bien distinto. Mientras estuve ejerciendo en España conseguí sortear la crisis, pero en esa huida hacia adelante vi a muchos amigos y compañeros perder su puesto y, después de mucho luchar, acabar buscándose las castañas de las más diversas formas. Y quien habla del periodismo habla de un montón de otras profesiones también profundamente tocadas. ¡Ya va siendo hora de ver la luz al final del túnel!

 

 

¿Echa de menos Palencia?

Con los años me he dado cuenta de que debo ser un poco desapegado. O por lo menos mi familia. Indudablemente, todo palentino en el exilio que se precie lleva siempre en lo más profundo del pecho algo de morado (y oro las mujeres, claro), y blande con orgullo la P mayúscula cuando le preguntan que de dónde es. Y ahora me explico lo del desapego. De seis hermanos, cinco andamos por el mundo adelante (y la que queda no será por ganas): Dos en el sur, o donde fondee su barco o les destine el Mando; otro ya vivió en Rumanía y en China, y ahora se mueve por toda Europa desde su despacho en Madrid. A otra hermana la tenemos recién aterrizada en Australia después de un año peregrinando con su marido, mochila a la espalda, por media Eurásia. Y la que falta no deja de declarase ciudadana montañera mientras va salvando la crisis laboral con la cabeza bien alta, ya sea en Palencia capital, Aguilar o donde sea que le surge la posibilidad.

Y ahora te confieso lo que más pasmado deja a los brasileños cuando me preguntan por lo que más añoro (recuerda que son primos de los inventores de la ‘saudade’) y cómo les remito a cualquier testimonio de Españoles por el Mundo: la comida. Sin menospreciar a la familia o los amigos, mis campos de trigo, mis vistas desde el Cristo, los paseos a orillas del Carrión, las travesuras en páramos y descampados… Pero ahora mismo un verdejo y una ración de bravas caían como una bendición. Y lo dicho, si miento, repasa algún programa de españoles exiliados, a ver cuantos responden “la tortilla de mi madre”, “el lechazo del pueblo”, “las torrijas de mi abuela” o “un vinito a la hora del vermú con los amigos”. Somos una banda de glotones.


¿Es profeta de su tierra? 

 

Está claro que, para los habitantes de un país del tamaño de 20 españas, intentar ubicarles Palencia en el mapa (algo complicado hasta para los propios españoles), no es tarea fácil. Pero en cuanto les digo que está en el medio del Camino de Santiago ya facilita algo. Hay que recordar que ésta es la tierra de Paulo Coelho, al Camino algo parecido a un Hemingway para los Sanfermines de Pamplona. Así que ese es un buen comienzo. Después cuando me preguntan que qué es lo que tiene Palencia, ahí ya es el aluvión. Comenzando por sus ricas tierras cerealísticas (sí, a veces voy de fuera para dentro) al pie de notables montañas (es que sólo el Curavacas ya es casi tan alto como los tres mayores picos de todo Brasil), entrando en sus pueblecitos medievales (eso los vuelve locos, por lo de medievales y por lo de pueblecitos, que aquí en Brasil una ciudad pequeña es del tamaño de toda nuestra capital), la ciudad más encantadora de España, con la Catedral más distinta y un Cristo… ¡Único, como el de Río de Janeiro, pero más castizo! Claro, y la gastronomía. Lo cierto es que, como casi todo el mundo lo más que conoce es Madrid, Barcelona y el sur, al menos ya consigo que tengan interés por conocer el norte de España, teniendo como base nuestra ‘Bela Desconhecida’. 


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